Derechos en riesgo: los fundamentalismos religiosos.

Observatorio sobre la Universalidad de los Derechos.

Informe sobre tendencias en derechos humanos 2017.

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La tendencia es inconfundible y profundamente alarmante: en los espacios internacionales de derechos humanos, lxs fundamentalistas religiosxs ahora están operando con un mayor impacto, frecuencia, coordinación, recursos y apoyo.

El auge mundial de los actores fundamentalistas religiosos no está ocurriendo en el vacío. Este fenómeno creciente está inextricablemente ligado a la geopolítica, a desigualdades sistémicas crecientes y a disparidades económicas, conflictos, militarismo y otros factores políticos, sociales y económicos. A su vez, estos factores llevan a lxs fundamentalistas religiosxs a los espacios políticos regionales e internacionales en búsqueda de lograr impactos mayores.

El análisis constante que hacemos de los fundamentalismos religiosos, sus discursos y estrategias nos ayuda a entender cómo actúan las fuerzas que están actualmente en juego en las Naciones Unidas. Los fundamentalismos religiosos consisten en el uso y mal uso estratégico de la religión por parte de un Estado o de actores no estatales específicos para ganar poder y control. Tienen que ver con la manipulación autoritaria de la religión, con referencias a la cultura y la tradición, una retórica ligada a la soberanía, y al uso de interpretaciones patriarcales y absolutas de la religión para alcanzar poder político, social y/o económico. En todas las regiones y contextos religiosos, los fundamentalismos buscan utilizar las referencias a la religión, la cultura y la tradición para justificar la violencia y la discriminación.

Un tema en común entre los actores conservadores y anti-derechos es su fijación con el género y la sexualidad. La justicia de género resulta gravemente debilitada por las estrategias de los fundamentalismos religiosos, que usan los cuerpos de las mujeres, las niñas y las personas con identidades de género y orientaciones sexuales no convencionales como un campo de batalla para sus luchas por apropiarse y retener el poder institucional y social. Una y otra vez, en diversas regiones y a distintos niveles, las mujeres son convertidas en símbolos de la comunidad, encarnaciones de la «cultura y tradición» de la nación y de su futura reproducción. Los cuerpos y las sexualidades de las mujeres y las personas con sexualidades o identidades de género no convencionales se transforman en espacios clave de las preocupaciones y el control religioso y político, porque ellxs se consideran custodixs de las normas y el honor familiar.

No resulta sorprendente, entonces, que en un estudio reciente sobre las organizaciones feministas jóvenes en todo el mundo, basado en una encuesta respondida por 1400 participantes, un porcentaje significativo haya descrito a los fundamentalismos como uno de los mayores desafíos a su trabajo y como una amenaza importante para su seguridad(1).

En una encuesta previa a más de 1600 defensoras de derechos humanos en todo el mundo(2), las activistas hicieron una lista de los principales efectos negativos de los fundamentalismos religiosos: limitación de los derechos a la salud y reducción del cumplimiento de los derechos reproductivos; menos autonomía para las mujeres; aumento de la violencia de género; limitación de los derechos sexuales; y reducción de los derechos de las mujeres en la esfera pública.

Observamos cómo estas estrategias y preocupaciones fundamentalistas se manifiestan en el nivel internacional de los derechos humanos. Las Naciones Unidas se han convertido en otro espacio en el que los cuerpos y la autonomía son usados como peones en una lucha por apropiarse del poder institucional. Pero aquí, el efecto de los fundamentalismos religiosos no es violar directamente nuestros derechos, sino erosionar la misma base sobre la cual podemos plantear demandas. Si, según sus argumentos, no tenemos derechos que puedan ser violados, entonces no habrá ninguna base sobre la cual reclamar derechos o exigir rendición de cuentas por parte de nuestros gobiernos.

Los actores anti-derechos están socavando el contenido mismo y la estructura de nuestros conceptos, instituciones y protecciones de derechos humanos, con consecuencias desastrosas para los derechos humanos y la justicia de género. Esto se manifiesta en los derechos sexuales, incluyendo los derechos a la integridad corporal, el derecho a elegir la propia pareja, y el derecho a decidir sobre las relaciones sexuales; los derechos relacionados con la orientación sexual y la identidad de género (SOGI, por su sigla en inglés); los derechos y la salud reproductiva, incluyendo el acceso a la educación sexual integral (ESI), la anticoncepción y el aborto seguro; igualdad de derechos de propiedad y de herencia; igualdad de derechos en todos los aspectos de la legislación de familia incluyendo el matrimonio, el divorcio y la tenencia de lxs hijxs; libertad de expresión, de creencias, de reunión y de opinión; el derecho a reclamar, reafirmar y participar en todos los aspectos de la vida religiosa y cultural; el derecho a una vida sin violencia de género; y la igualdad plena de las mujeres.

La movilización anti-derechos en el nivel internacional constituye una respuesta al avance significativo de las organizaciones feministas y progresistas y al efecto que han producido durante las tres décadas pasadas. También representa el nuevo compromiso que los actores ultraconservadores tienen con los procesos multilaterales como un espacio de influencia. Hoy en día somos testigos de cómo se entrelazan todo un conjunto de factores que pintan un cuadro perturbador de nuestro sistema de derechos humanos, que está bajo ataque: una mayor coordinación de lxs fundamentalistas religiosxs en los espacios de derechos humanos, atravesando las divisiones regionales, institucionales y religiosas, y el debilitamiento y cooptación estratégica y proactiva de nuestro marco de derechos humanos.

Si bien a menudo se define a los fundamentalismos en oposición a la globalización, éstos también aprovechan el ámbito internacional como un lugar donde promover el cambio social conservador. De manera similar, sus mensajes que suelen ubicarse en oposición a la modernidad, son un producto de la modernidad y están dispuestxs a luchar usando herramientas «modernas». Los discursos fundamentalistas están fuertemente centrados en la primacía de la «soberanía estatal» y cuestionan la legitimidad misma de los estándares internacionales y su aplicación universal para todxs. Su participación en el escenario internacional funciona como un caballo de Troya destinado a minar los objetivos y el funcionamiento de los sistemas de derechos humanos, transformar el marco de derechos humanos y transmitir nuevas normas de derechos infundidas con sus valores y su mensaje.

En los espacios internacionales de derechos humanos, los actores anti-derechos están haciendo mal uso de la religión, junto con argumentos basados en la cultura, la tradición y la soberanía nacional, para erosionar y socavar la universalidad de los derechos humanos. Hay temas en común que se evidencian en sus acciones de incidencia: el énfasis en la «familia tradicional», la ‘moralidad’, la protección, y los roles de género fijos; el lenguaje emocional y divisionista; discursos engañosos y cooptados y desinformación; acusaciones de elitismo; y argumentos que se basan en ideas de superioridad moral y ‘autenticidad’ cultural.

Lxs activistas feministas y progresistas han trabajado mucho para defender lo logrado y para repeler estas iniciativas hostiles y así proteger y promover nuestros derechos. Ahora necesitamos una comprensión más refinada de estas tendencias, incluyendo cuáles son los actores y discursos principales y los efectos que tienen, para poder seguir enfrentándolos. Tomando como base este conocimiento, necesitamos organizarnos colectiva y creativamente para mantener y seguir desarrollando los estándares de derechos humanos para poder reclamar nuestros derechos, proteger la universalidad y hacer que los gobiernos rindan cuentas por las violaciones de derechos que cometen.

Este informe representa el primero de una serie anual dedicada a las tendencias en derechos humanos producida por iniciativa del Observatorio sobre la Universalidad de los Derechos (OURs). El OURs es un nuevo proyecto colaborativo que abarca a numerosas organizaciones y que se propone monitorear, analizar y compartir información sobre estas iniciativas anti-derechos que amenazan los sistemas regionales e internacionales de derechos humanos.

Este informe se centra en la esfera internacional de los derechos humanos. Su objetivo es discutir y analizar tendencias y desarrollos claves que han sido relevados desde 2015 hasta el final de 2016 para informar y apoyar el avance de nuestra capacidad de incidencia colectiva. Esto incluye información sobre los actores anti-derechos, sus discursos, estrategias y los impactos significativos que han tenido durante este período sobre el sistema internacional de derechos humanos.

Notas:

  1. FRIDA & AWID. Brave, Creative, Resilient: The Global State of Young Feminist Organizing. Septiembre de 2016. Disponible (en inglés) en: http://youngfeministfund.org/wp-content/uploads/2016/09/frida-awid_research_summary.pdf
  2. AWID. New Insights on Religious Fundamentalisms: Research Highlights. Septiembre de 2009. Disponible (en inglés en): https://www.awid.org/sites/default/files/atoms/files/new_insights_on_religious_fundamentalisms.pdf

 


Desde la Plataforma Laicista de Jerez, demandamos la denuncia y derogación del Concordato y los Acuerdos del Estado español con la Santa Sede, así como de los suscritos en el mismo sentido con otras confesiones religiosas.


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