Laicismo fallido

Reproducimos el artículo de Jesús Puig para Levante-EMV
Jesús Puig Noguera en Valencia. Fernando Bustamante

Cautivo y desarmado el Estado laico, la España confesional alcanza los últimos objetivos. La separación entre religión y Estado ha quebrado. La involución flota como un iceberg: vemos la octava parte, pero ignoramos las siete restantes. El último episodio parece sacado de El Mundo Today: Doña Finiquito notifica el deceso de Cristo en diferido y ordena que la bandera española ondee a media asta en los cuarteles de las Fuerzas Armadas. Añadid el desfile de unidades militares en procesiones de Semana Santa, ministros haciendo de chamanes implorando trabajo a la patronal celestial, el derecho de la Iglesia a inmatricular bienes e incluso mezquitas como la de Córdoba, el medallero a Vírgenes, etc. etc. (el lector puede añadir etcéteras hasta cansarse), y tenemos un esperpento que fricciona no la genialidad valleinclanesca, sino la excentricidad más carpetovetónica. Tan típica como tópica. Tan castiza como reaccionaria. Tan real como insólita. Tan vieja y, sin embargo, tan viva.

Apelar a la tradición, usándola como cabeza de playa para socavar el Estado aconfesional es un argumento que, de tan reiterado, parece un spam interminable y tedioso como la vida sexual de una ameba. Tradición es también la corrupción en nuestro país, y no por ello tiene justificación. No se puede confundir la vida pública con una cruzada religiosa. Es una ironía que de los golpes de porra en la dictadura, hayamos pasado a los golpes de báculo en la democracia. La democracia es laica o no es democracia. Haces balance del casamiento entre el Estado, la Iglesia y ciertos grupos religiosos conservadores y es como si abrieras el viejo baúl que, durante años y cerrojos, guarda la dote de la bisabuela. Aparece un olor a rancio, naftalina y humedad que hace caer de espaldas. El problema que genera este matrimonio no tiene fácil solución porque demasiada gente ve la solución como un problema, al interpretar desde la confesionalidad lo que debería contemplar desde la laicidad. Si nos rigieran por la Biblia y no por la Constitución tal cosa tendría sentido, pero no es así. ¿O es así, y no nos lo dicen?

 

 

 

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